Las espinacas de Popeye, ¿mito o leyenda?

El más célebre de los marines americanos goza de una salud de hierro (valga la redundancia), con su alma de acero y un brazo inigualable, pero, a pesar de lo que nos haya querido hacer creer durante años, su  fuerza no proviene de las espinacas.  Es mucho más aconsejable que se coma la lata donde vienen las espinacas de Popeye antes que las espinacas que están dentro. Y todo por un error, en esta entrada se lo explico 

Las espinacas no tienen tanto hierro

Originaria de Persia, esta planta con semillas espinosas (espanach en árabe) contiene bastante hierro. Con casi 3 miligramos del metal por cada 100 gramos de verdura fresca (una vez cocida) supera a la mayoría de las frutas. Sin embargo, contiene menos hierro que otras legumbres, como las lentejas, o que alimentos habituales tales como el azúcar, los huevos o el marisco. Comparada con las carnes, donde este oligoelemento, unido a la hemoglobina, ofrece la doble ventaja de presentarse en gran cantidad y ser fácilmente absorbido por el cuerpo humano. En conclusión, más vale una buena ración de hígado y morcilla que unos kilos de la verdura de Popeye.

Las espinacas de pope

Propiedades digestivas

Las espinacas, conocidas como la “escoba del estómago”, durante un largo lapso de tiempo debieron la fama a sus propiedades digestivas. Luis XIV sentía devoción por ellas y, al parecer, el Rey Sol despidió a su médico quien, con el pretexto de curarlo de su artrosis, le había prohibido comerlas. Más tarde, llegó la época de las dosificaciones bioquímicas. Sobre 1890 , un investigador americano diseccionó una hoja de espinaca, pero su secretaria incurrió en un error tipográfico en la línea correspondiente al hierro: de una pulsación, la benefactora del estómago se vio investida de una dosis excepcionalmente alta.

Este error, 30 miligramos en lugar de 3, ya ha sido corregido. En los años treinta, unos científicos alemanes restablecieron la verdad, pero no sirvió de nada. A partir de 1933 aproximadamente, los creadores de Betty Boop se habían adueñado de esta verdura y la habían transformado en una poción mágica para su nuevo héroe, Popeye. La propaganda durante los años de escasez de la II Guerra Mundial hizo el resto. En aquel entonces se podía oír que América reunía “la fuerza suficiente para terminar la guerra porque comía espinacas”.

Popeye ha ido muy, muy lejos. Gracias a una falsedad del calibre de esta poción mágica, ha hecho tragar espinacas al mundo entero. Por este marino, el consumo de las espinacas se incrementó en Estados Unidos en un 33 por ciento. Los americanos se equivocaron y así, se extendió al resto del mundo. Eso sí, también nos obsequiaron con una historia de amor que jamás ha sufrido los ataques de la herrumbre. Pero lo dicho las espinacas de Popeye y su fuerza fueron leyendas